Y de repente todo empieza a maquinar en mi mente:
“Fui su juguetito, nada más. No signifiqué nada…”
Y me dejé llevar, otra vez, por las palabras que tanto poder tienen de alejarme de la realidad. Sabía exactamente cómo hablarme, qué palabras utilizar, qué decirme… Y después de saciar su sed, de extraer de mí lo que quería, se limitó a tirar los restos.
Lo que más me duele es que me traicioné. Me prometí que no iba a seguir sus jueguitos, podía ver claramente el destello venenoso en sus ojos. No iba a permitir que me hagan daño otra vez… Pero ya nisiquiera me hago caso a mí misma.
Pero estos bajones son males necesarios, simplemente hay que aceptar que no se puede estar feliz todo el tiempo. ¿Cómo valoraríamos, sino, una sonrisa, una carcajada si nunca nos hundimos en las más profundas de las depresiones?
Estar así, aunque duela, nos hace bien, nos hace reflexionar, nos hace querer cambiar. ¿Cuándo aprenderíamos si nunca nos equivocáramos?
Hoy me equivoqué y aprendí. Aprendí a no confiar en la palabra de nadie, excepto la mía.
Juanita.
1 personas dieron su opinión:
No deberias cerrarte asi. Si alguien te hace mal no significa que todos seamos malos. Solo hay que aprender de los errores.
Publicar un comentario