-¿Nunca pensaste cómo te querías morir, Juani?-
-¡Ay, Gonza! Que morboso.-
-No, o sea, no “cómo” sino “en qué situación”-
-Mi no entender-
-Por ejemplo: a mí me gustaría morirme no muy viejo. Viviendo de lo que amo, la música y teniendo cerca a todas las personas importantes de mi vida para ir despidiéndome de ellas una por una.-
-Yo lo único que quiero es que antes de morir pueda tenerlos a ustedes. Quizás en ese momento, por fin pueda expresar en palabras todo lo que significan para mí. Y agradecerle a cada uno todo.-
Me sonrío y miró hacía la lejanía un buen rato, pensando bien lo que iba a decir.
-Yo lo que quiero antes de morir es verte feliz, con la misma alegría y con las mismas ganas de vivir que antes. Sé que las cosas se complicaron, sé pasaron cosas que hicieron que nada pueda volver a ser lo mismo y sé que yo no puedo hacer nada para devolverte la felicidad. Pero es lo que quiero, quiero verte sonreír sinceramente, sin preocupaciones, una vez más.
-Podes volver a hacerme feliz, Gonza.-
-¿Cómo?-
-Haciéndote feliz a vos mismo, primero-
-Yo soy feliz-
-No podes ser feliz si estás atado-
-No estoy atado, estoy enamorado-
-¡Eso no es amor, es esclavitud! ¿O acaso ella alguna vez se preocupó por tus sentimientos? ¿O acaso ella alguna vez te preguntó cómo estabas, cómo había estado tu día, qué te pasaba, por qué te sentías mal? ¿O acaso ella alguna vez te regaló algo, se acordó de alguno de sus aniversarios? ¿Te contestó alguno de tus insistentes “te amo”? ¿Te abrazó sin que se lo pidieras de rodillas, te robó un beso sin tener ninguna pretensión? ¿Alguna vez te devolvió alguno de tus millones de favores? ¿Alguna vez pensó en alguien más que en ella y los muchos hombres con los que se va los fines de semana?-
Me callé, agitada, arrepentida de lo que había dicho. Fue como una avalancha de sentimientos que no pude frenar. Abrí la boca y todo lo toxico de mi alma salió sin darme cuenta. El me miró sorprendido. Miró el suelo, buscando respuesta y finalmente se resignó a aceptarlo. Lo dije en forma brusca, pero dije la verdad.
-Soy un maldito esclavo.-
-Mi felicidad depende de la tuya.-
-Sí, también la mía.-
Nos callamos un rato. Nos distraíamos con el ruido de los chicos jugando a la pelota, el sol brillaba en lo alto y por el cielo libre de nubes volaban pequeñas bandadas de aves. Era un día precioso en la plaza dónde siempre veníamos a jugar de pequeños y que la seguimos frecuentando cuando necesitamos desconectarnos de todo un rato.
-¿Sabes qué?-
-¿Qué?-
-Yo voy a hacernos felices, Juani.-
Juanita.
1 personas dieron su opinión:
Me encantan tus blogs :D
Publicar un comentario